La salud es un derecho, no un negocio

Este año 2020, el desmantelamiento de la salud pública gestado en dictadura y profundizado en democracia quedó al desnudo de una forma brutal. No sólo el manejo nefasto del gobierno de Piñera de la pandemia hizo estragos en las capas más pobres de la población, si no que la precariedad y las brechas estructurales en la que hace décadas está sumergido el sistema de salud, tuvo consecuencias irreparables.

La salud como un derecho: Sistema único de salud

Luchemos por un cambio en el sistema de salud en pos de una transformación social profunda: la salud debe ser un derecho universal y no un mercado de negocios. Para ello, sostenemos que el aumento del escuálido presupuesto de salud pública debe realizarse primeramente en base a impuestos a las grandes fortunas y a la integración de las clínicas y prestadores privados a la red pública. Necesitamos alcanzar un Sistema Único y Universal de Salud gestionado por las y los trabajadores de la salud y pobladores, que realice un adecuado manejo epidemiológico de los casos, sea transparente en los datos, y que resguarde los cuidados de salud de las personas en forma equitativa e integral.

Proponemos un sistema único y nacional de salud que termine con la división entre el sistema público y el privado, además de las instituciones privilegiadas como los exclusivos hospitales de Carabineros y Fuerzas Armadas. 

Actualmente existen cinco grandes conglomerados empresariales en el negocio de la salud, con sistemas de integración vertical y horizontal. Quienes reciben suculentas sumas por parte del Estado. Solo desde el 2005 al 2019 estos actores privados recibieron US$ 11.799 millones de dólares de fondos públicos.  actualmente, con estos privados se sigue manteniendo una deuda hospitalaria millonaria e irracionalmente en ascenso. 

Debemos poner fin al sistema dual de salud y al subsidio a la demanda, para terminar con estos “actores privados” que se benefician de que la salud sea un negocio, incluso con colusión, como en el caso de las farmacias.

Hay que traspasar las clínicas privadas, laboratorios y los seguros privados, como las Isapres, a la red pública bajo gestión de los propios trabajadores de la salud y los usuarios, acabando de esta forma con las jerarquías al interior de los establecimientos, financiado íntegramente por el Estado para garantizar tanto el acceso para todos los sectores de la población, como mejores condiciones laborales para los trabajadores y de atención para los usuarios.

Más y mejores profesionales de salud: Actualmente, existe una brecha profunda con falta de profesionales y especialistas. Hay muy pocos para la población, y esto se vuelve más dramático en zonas extremas de Chile. Se necesita invertir y planificar los recursos humanos de acuerdo a las necesidades sociales, y que la educación profesional no sea en base a la demanda, sino fomentada y planificada de acuerdo a lo que se necesite en cada región.

No se trata de solo curar

La salud debe ser entendida como el estado de bienestar integral, ya sea físico, mental o espiritual. Por lo tanto, para alcanzar una “buena salud” se requiere de un proyecto transversal, donde incide nuestra cotidianidad, las condiciones laborales, la contaminación, la alimentación, y nuestro entorno de conjunto.

Nuestro programa es revolucionario, pues necesitamos darlo vuelta todo para gozar del grado máximo de salud y bienestar social. Y que este no sea exclusivo para una pequeña elite que obtiene beneficios a costa de la explotación humana y de la naturaleza.