Lo que se juega

Durante octubre y noviembre de 2019 trabajadoras y trabajadores, pobres, mujeres, jóvenes y mapuche, protagonizamos las manifestaciones más relevantes de las últimas décadas en Chile. Con el lema no son treinta pesos, son treinta años, cuestionamos abiertamente la creencia que nos inculcaron los gobiernos de la ex Concertación y de la derecha: que esta forma de vivir la vida (con sueldos y pensiones miserables y deudas infinitas) es la única forma posible.

Todo fue criticado por la rebelión: el sistema de pensiones y el sistema de salud; los cobros en las carreteras y el actuar de carabineros; el gobierno y las instituciones; la violencia contra las mujeres y la violación de derechos humanos por parte de agentes policiales; el saqueo de recursos que realizan los grandes grupos económicos y el capital financiero.

Fue en esos días ajetreados cuando surgió en la imaginación de millones de nosotras y nosotros la idea de una Asamblea Constituyente, libre y soberana para discutir sobre los principales asuntos del país.

Sin embargo, el “pacto por la paz y una Nueva Constitución” entregó un sucedáneo: el plebiscito y la Convención Constitucional. Esta instancia tiene una serie de trabas que impiden que pueda cumplir un papel constituyente cabal, como el quórum mínimo de 2/3 para que una norma sea aprobada, una traba que tiene un carácter abiertamente contramayoritario.

Este resultado, avalado por la mayoría de las fuerzas políticas del parlamento -desde la derecha hasta el Frente Amplio-, cambió los tiempos y las condiciones para realizar nuestras demandas. Además, la llegada de la pandemia en 2020, fue utilizada por el gobierno para imponer una agenda represiva y justificar el toque de queda y todo tipo de restricciones a los derechos democráticos, mientras millones de personas le hacen frente a la cesantía y/o tienen que arreglárselas para hacer cuarentenas en condiciones de hacinamiento.

Hasta ahora han evitado que nuestra lucha recobre la fuerza que tuvo en octubre y noviembre de 2019. Pero la victoria aplastante del apruebo en el plebiscito y el casi nulo apoyo que tiene el gobierno de Piñera, muestran que somos millones de trabajadores, mujeres y jóvenes quienes queremos terminar con la herencia económica, social y política de la dictadura de Pinochet.

Lo que está en juego ahora es lo siguiente: o los grandes grupos económicos y los políticos de los 30 años logran conservar la obra económica y social de la dictadura o la clase trabajadora junto a millones, logramos nuestras aspiraciones, donde nuestras y nuestros abuelos pueden jubilar dignamente, sin tener que trabajar hasta morir y donde a nadie le falta para llegar a fin de mes y los derechos básicos y humanos como la salud, no dependan del mercado, y sean para todas y todos.

¡A darlo vuelta todo!